La vuelta

Sí, es verdad ya hace una semana que he empezado a trabajar y unos diez días que he vuelto de vaciones, pero este año gracias a tener unas buenas vacaciones he aterrizado suavemente y no he tenido malas sensaciones ni síndrome traumático degenerativo, ni leches. Por contra puedo afirmar que estoy contento de haber vuelto.

Siempre dejando claro que estar de vacaciones es mejor que ir a trabajar, sin duda, y más si las vacaciones son equilibradas y relajantes, o al menos relativamente relajantes.

He descansado tanto mental como físicamente y estoy listo para afrontar este último trimestre con ganas y energías renovadas, lo que me echen.

La vuelta empezó con una clase el primer viernes que estaba en casa, gracias al contenido de los temas y a los “impartidores” fue muy bien. El volver a ver a mis queridos compañeros de clase también ayudó mucho.

La vuelta al trabajo también fue muy bien, sin ningún “cuerpo extraño” en mi mesa, con todo rodando tal y como lo dejé casi un mes antes, y sin incidencias.

A lo mejor es suerte, pero creo que nada ocurre por que sí, ni nada cambia sin más. Por tanto puedo sentirme satisfecho del buen trabajo realizado todo el año, por mis compañeros y por mi mismo y por nuestros pastores que nos han guiado muy bien.

También he de decir que la vuelta al trabajo fue después de unos días muy completos de fiestas patronales, con reecuentros y momentos inolvidables, de carcajadas y buena compañía.

Para rematar el martes era fiesta en Madrid y pude llevar a mi hija al colegio, con la sorpresa de que me encontré de nuevo, como el año pasado, un plan de acogida diseñado por alguna mente brillante que me obligó a quedarme en la clase con mi hija y el resto de niños para que el proceso de vuelta al cole no les resulte tan traumático. La verdad, la mayoría de ellos no me parecieron nada traumatizados, no hicieron caso alguno a los progenitores que estábamos allí, escepto en algún momento puntual.
Me llenó de orgullo ver la sociabilidad de mi hija a pesar de su corta edad, de ver como se desenvolvía con todos sus compañeros y con los mayores que pululaban por allí. Me encantó ver como mi hija promovía un momento de dibujo para todos sus compañeros, instando a la profesora a repartir colores y papel para todos sus colegas y sentándose todos en las mini-mesas como si fuera una actividad planificada de clase.

Pues nada que aquí estoy, de vuelta al cole, al curro, al día a día, reluciente y a punto como un F-1 en la parrila de salida.
Salut!!!!
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