Después de muchos años I

Se puso el abrigo, se colocó cuidadosamente la bufanda, cogió las llaves de la mesilla del recibidor, abrió la puerta y salió al descansillo. Mientras esperaba al ascensor se acabó de abrochar el abrigo, sabía que a sus 72 años coger frío era correr mucho riesgo.

Ahora era un riesgo, pero hace muchos años durante sus innumerables aventuras por el mundo, el intenso frío simplemente formaba parte de la aventura, al igual que el sofocante calor, la  incomoda llúvia, la preciosa nieve, o el temible hielo.

Tenía 37 años, y un día se levantó de la cama, y dijo basta. No quería más esa vida oscura y gris, monótona y sin satisfacciones, insulsa, sin emoción. Un trabajo aburrido y la obligación de pagar la hipoteca era lo único que le mantenía en su situación. Sin más aquella mañana no fue a trabajar, llamó para decir que no estaba dispuesto, y al otro lado del teléfono nadie preguntó, a qué no estaba dispuesto, simplemente le dijeron que no olvidara pedir el parte médico que justificara su estado. Se rió a carcajada limpia, tenía que haber probado a decir que había muerto, a ver que respondía la voz al otro lado del teléfono. Después de un buen rato de pensar en la situación que acaba de protagonizar, encendió el ordenador y buscó en google: ONG. Pasó toda la mañana y parte de la tarde leyendo e indagando en las páginas del listado de organizaciones que le había dado el buscador. Hizo una selección y guardó las organizaciones que mejor le parecieron en los favoritos. El resto de la tarde la dedicó a pasear por el parque, y a observar y escuchar lo que ocurría a su alrededor. estuvo hasta muy tarde sentado en un banco viendo a la gente ir y venir.

Cuando entró en casa, se paró en el recibidor unos minutos, respiró profundamente y se fijó en el egradable olor que habían dejado las barritas de incienso que estuvo quemando todo el día, casi inconscientemente. El olor era fuerte, penetrante, pero nada desagradable, le daba una calidez a su hogar que no había sentido nunca hasta ahora, a pesar de haber encendido muchas veces esas barritas.

Se sentó en el sofá, y al coger el mando de la tele, se dió cuenta de que no le apetecía nada verla, era una rutina, pero hoy habían cambiado muchas cosas. Se levantó y encendió el equipo de música. Seleccionó un cd, buscaba algo inspirador y un poco salvaje. Lo encontró, sacó el pequeño disco brillante de su envoltorio de plástico, lo limpió con su camiseta y lo introdujo en la bandeja. Lo puso en marcha y apagó casi todas las luces, encendió otra barrita aromática, y se sentó en el suelo. Cuando escuchó el tema “Black hole sun”, recordó el vídeo, lo había visto muchas veces y siempre le había hecho mucha gracia el elenco de personajes estrafalarios. Ahora al recordarlo, le parecía un poco bestia, y bastante triste, en el fondo era una crítica a un tipo de sociedad que él conocía muy bien.

Cuando acabó de escuchar el disco, estuvo mucho rato en silencio, escuchando los ruídos de la calle, luego se levantó y se fue a la cama, sin mirar la hora, sin ponerse el despertador. Algo había empezado a cambiar.

A la mañana siguiente se levantó antes de que saliera el sol, desayunó tranquilamentey se sentó en la mesa de su escritorio. Estuvo llamando a las organizaciones para informarse de cuál era su labor, qué hacían y dónde lo hacían. Pidió cita en tres de ellas para aquel mismo día.

Continuará …

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