The road

Hace tres años me compré un libro, “La Carretera” de Cormac McCarthy. Por varias razones no me había puesto con él hasta esta semana pasada. Tenía todas las ganas del mundo de leérlo, pero iba dilatando el arranque de la experiencia, por fin he visto un hueco en mi ajetreada vida, y me he tirado al cuello, le he visto la yugular y no me lo he pensado más, he mordido fuerte y con ganas, disfrutando del momento.
De entrada estoy arrepentido de no haberlo hecho antes, si hubiera empezado en cuanto llegó a mis manos ahora ya lo habría leído un par de veces más, pero el transcurrir de mi días no me da mucho margen para la lectura.
El libro de McCarthy es bueno, muy bueno, desde mi punto de vista, claro está, aunque no soy el único que lo piensa, le han dado el Pulitzer por la obra, casi nada.

El libro nos pone en la piel de un hombre, del que no se desvela prácticamente nada de su pasado, que tras lo que parece una hecatombe nuclear, se dirige junto a su hijo hacia el sur de Estados Unidos en busca de un mejor clima y mayores posibilidades de supervivencia.
Básicamente el libro narra el viaje a partir de un punto indefinido del norte del país, hacia el sur a través de carreteras que recorren el país de norte a sur. Nuestro hombre lleva consigo a su hijo, un pequeño muchacho de edad indefenida, que es la razón de vivir del hombre, la única razón de su existencia, la supervivencia de su hijo. El planteamiento inicial se complica con unos paisajes infernales arrasados por el fin de los días, sin vegetación, sin animales y sin prácticamente ningún ser humano. La tierra quemada y llena de cenizas, el invierno nuclear frío y despiadado, un frío “capaz de romper las rocas” como dice él mismo en el libro. A medida que avanzamos en la lectura vamos descubriendo nuevos agentes que dificultan el avance y la supervivencia, caníbales en busca de presas frescas y jugosas, ejércitos organizados con palos y tuberías de acero, esclavos que forman parte del menú del día o que son utilizados para transportar los pocos restos que van encontrando a lo largo del camino.
A este panorama McCarthy le añade una grave enfermedad al padre que le dificulta aún más el avance hacia el mar, hacia el sur.
El planteamiento es desgarrador y bestial, sin comida, helados de frío, enfermo el padre y el hijo flaco y sin muchas fuerzas, huyendo del contacto con otros seres de la misma especie, rebuscando en casas y en tiendas, siempre acechando el peligro, el tremendo frío y el cansancio.

Durante la lectura te vas metiendo ene l papel del padre, Cormac McCarthy consigue que te acabes preocupando por la vida y la nutrición del hijo, la sensación de angustia se va acrecentando a medida que avanzan y se van encontrando barreras en el camino.

Realmente me ha impresionado, me ha encantado, me ha dejado un sabor agrío, a sangre y a comida rancia, el frío se me ha metido en el cuerpo incluso el olor a ceniza y humo. Un libro sin los nombres de los protagonistas, con el antes abierto, sin muchos detalles, los datos justos para que tú te hagas tu libro. Un final duro, pero abierto a la esperanza tras haberla despedazado durante todo el libro. Planteamientos de egoísmo, supervivencia, asesinato sin sentimiento de culpa, avanzar a cualquier precio, todo vale, o casi todo. Ellos son “los buenos” como dice el niño en varias ocasiones.

Recomiendo el libro, sin peros.

El estilo de escritura es otra característica importante de este autor, un ritmo sincopado, entrecortado, rápido sin casi orportunidad de respirar, que provoca que la lectura se acelere y devores páginas y páginas a un ritmo trepidante, sin perderte nada de lo que está ocurriendo, entrando en todos los rincones, viendo lo que vé el protagonista, sintiendo y padeciendo su sufrimiento y su angustia.

También se ha hecho una película, a la que me da un poco de miedo acercarme, pero creo que finalemente la veré. Nunca he encontrado una película mejor que su libro, pero algunas saben transmitir algunas de las cosas que en los libros vives, nunca todas.

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2 pensamientos en “The road

  1. Yo, por fin, estoy volviendo a leer.

    El culpable es “Los viajes de Júpiter” de Ted Simon. Un ingles que en el 73 se embarco con su TRIUMPH a dar la vuelta al mundo (comúnmente llamado “ir a por tabaco”) :-D. En dos palabras IM – PRESIONANTE.

    El de “La Carretera”, (que me suena cada vez que lo digo a un disco de Julio Iglesias :-D) me lo reservo, tiene buena pinta.

    Gracias Pau… y lo dicho… en breve espero que nos podamos ver.

  2. Gracias por estar siempre ahí, amigo kike.
    La lectura es la caña, lo único el tiempo que tanto escasea en nuestros días 😉

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