Retorno a los orígenes

A raíz de la crisis que estamos padeciendo, y el incierto futuro que nos espera una vez pasado el vendaval económico, me planteo la siguiente cuestión.

¿Por qué no volvemos al campo?

En realidad no todos, pero creo que hay parte de la población que podría optar por esta alternativa.

Es cierto que somos animales de costumbres, y que sacarnos de la ciudad e irnos al campo, nos parece fantástico durante unas vacaciones o un estupendo fin de semana. Pero irse a vivir allí todo el año, es harina de otro costal.

A pesar de esto, también sabemos que somos capaces de adaptarnos a nuevos medios sin que nos resulte un trauma irreversible y de por vida.

La vida en el campo, no es tan dura como antes. La modernización de la maquinaria, la tecnología disponible y la cercanía de las grandes ciudades, pueden hacer mucho más llevadera la vida que antes era tan dura y sólo para algunos pocos soportable.

Frío en invierno, calor en verano, jornadas interminables de trabajo físico, manos duras como la piedra, y una piel curtida por las inclemencias de la vida a la intemperie.

Ahora, esta vida casi imposible, se ha suavizado mucho, y hace posible que mucha de la gente que vive en las grandes capitales pueda plantearse seriamente hacer la migración a los orígenes de las sociedades que conocemos hoy en día.

La vida en el campo plantea varias ventajas importantes contra la vida en la “city”.
En primer lugar, una de las grandes losas que sufrimos hoy en día, el pago de la hipoteca para la vivienda. En las zonas rurales, el precio es hasta un 70 % más barata, o por el mismo precio tenemos un confortable y espacioso caserón.
La vida, en general es mucho más barata, la compra se puede reducir hasta un 30 %, sin tener en cuenta, que toda buena casa de campo que se precie, tiene su huertecillo y sus cuatro gallinas.
Los desplazamientos en coche son mucho más cortos y seguro, sin atascos. Por tanto el gasto en combustible se puede llegar a reducir hasta un 60 – 80 %.

Podríamos decir que el ahorro de costes que tanto nos preocupa en los tiempos que corren, es muy importante en la vida rural.

En segundo lugar debemos contemplar otro asunto que sólo nos ocupa cuando nos falla, la salud. La vida rural es menos intensa i estresante que la de la urbe. El ritmo más pausado, a veces desesperante para los de ciudad cuando vamos los fines de semana, mucho más sano para nuestro corazón y nuestra mente.
En el campo se dispone de mucho más tiempo para todo, la lectura y la vida contemplativa, son posibles sin estrictas agendas para sacar una horita de vez en cuando para estos menesteres.

Es verdad que el clima es más duro, pero las viviendas de hoy en día están perfectamente climatizadas y adaptadas a la vida acomodada que se cree tener en la ciudad.
La ropa también ha evolucionado mucho. Ya le hubiera gustado a mi bis-abuelo disponer de un forro polar, o un gore-tex cuando salía a pescar, o iba al campo a arar.

Así, podemos ver que lo de emigrar al mundo rural, tiene sus ventajas, aunque también sus desventajas. Pero por que no planteárselo, al menos poner la opción encima de la mesa y darle un tiempo de reflexión y valoración.

Lo veo como una alternativa muy razonable para gente que se ha quedado sin trabajo y las está pasando canutas para sacar adelante una familia o a sí mismos.

¿Por qué no?

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