Economía de crisis

Economía de crisis es lo que hizo mi abuela durante toda su vida.
Tenía una serie de principios básicos e inquebrantables para mantener su escuálida economía familiar.

El primero de todos y que hacía de paraguas para el resto era “no gasto lo que no tengo”. A primera vista, podríamos pensar que es lo que hacemos todos, pero ella lo llevaba hasta el extremo. Sólo pidió dinero a un banco para comprarse una casa. A pesar de eso, llevaba años ahorrando para tener que pedir lo menos posible.

Hoy en día podemos financiar desde el frigorífico hasta las vacaciones. Esto hubiera sido incomprensible para mi abuela. Si no había dinero para vacaciones no se hacían.

Otro de sus eficaces principios era “compra siempre la oferta más barata”. Era capaz de comprar dos o tres cosas en cada tienda del barrio, y sólo las que estaban de oferta. Se hacía un vía crucis por todo el entorno consiguiendo siempre los mejores precios. Realmente hacía un estudio de mercado a fondo, que actualizaba todos los lunes.

Otro, “compra sólo lo que necesites”. Si lo pensamos bien, hoy en día cuando cualquiera de nosotros va a la compra, y aunque llevemos la lista de lo que necesitamos, acabamos comprando un sinfín de caprichos y chucherías. Si echamos cuantas cada vez que llegamos a casa con la compra y sumamos las cosas que no son necesarias del tique, os vais a asombrar de lo mucho que somos capaces de gastar en fruslerías.

Otro principio básico en su economía era “esto se compra una vez al mes, cuando se acabe, no hay mas hasta el que viene”.
Esto quería decir que había que distribuir bien los suministros a lo largo de la mensualidad. Esto lo aplicaba a los productos de segunda necesidad, como por ejemplo, las galletas o el chocolate.

Básicamente eran una serie de normas básicas y muy sencillas que podemos extrapolar en gran medida a nuestra economía del hogar actual, incluso se podría, con las modificaciones convenientes, aplicar al país.

Para mí, su mejor técnica de ahorro, porque cada mes le daba para ahorrar un pellizquito, era la de apartar el dinero en cuanto llegaba la paga a casa. Esto le daba para cubrir todo los gastos del mes, guardar una parte para imprevistos, nunca se sabe si se va estropear la nevera o habrá que cambiar la lavadora, y para dar algo a los más necesitados. Ella creía que siempre había alguien que podría necesitar una ayudita para pasar el mes, desde el vecino del cuarto, a la señora esa de la parroquia que va limpiar por las tardes.

Así pues, ello no ahorraba lo que le sobraba al final del mes, lo apartaba antes para que le sobrara seguro.

No recuerdo que jamás se pasaran estrecheces en su casa, a pesar de lo poco que entraba cada mes. Ella decía que el haber pasado una guerra y mucho hambre, le había dado la capacidad de apañarse con lo justo. Siempre se comía de maravilla en su mesa, y nunca faltaba de nada. Jamás en su vida dejó de pagar ni aplazó ningún recibo. Nunca después de la guerra y la post-guerra volvió a pasar hambre ni frío.
Siempre gastó lo justo y necesario para vivir. Y aún así, le sobró dinero al final de su vida.

Esta serie de principios anecdóticos podrían ser la base de las economías de nuestros hogares. La crisis está haciendo mella en nuestros ingresos, y en algunas familias se está pasando francamente mal, con uno o varios parados bajo un mismo techo.

Es cierto que la cosa ha cambiado desde entonces, pero estoy seguro que si mi abuela viviera hoy, sería capaz de hacer lo mismo que hacía, adaptando su economía a los tiempos que corren.

Busquemos la forma de simplificar nuestra economía lo máximo posible. Pensemos antes de comprar, si nos hace realmente falta, o es un simple capricho del que podemos prescindir. Guardemos para los imprevistos, cada uno en la medida de sus posibilidades. Acostumbrémonos a vivir más austeramente. El consumo nos ha atrapado, y sin crisis era muy llevadero, incluso placentero poder gastar sin mirar mucho, pero ahora hay que pensar si hace falta apretarse el cinturón y buscar un nuevo enfoque para seguir adelante.

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2 pensamientos en “Economía de crisis

  1. Excel·lent article, Pau! M’ha encantat. A mi també se’m posen els pèls de punta només de pensar que algú es paga les vacances i tantes altres coses amb crèdits. Això ens passa per pensar i valorar més pel que tenim que no pas pel que som. Si només aquesta crisi pogués aportar uns mínims canvis de valors ja ens hauria servit per alguna cosa, però no n’estic gaire convençuda.
    Petons des de Barcelona,
    Irene

  2. Merci estimada. Estic totalment dacord amb tú, el problema és de base, el valor del tenir contra el valor del ser, un conflicte que sosté al societat del consum en la que som.
    Petons.

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