Me han robado

Leyendo el periódico el domingo un escalofrío le recorrió la espalda. Niños robados, alrededor de 1975, no es posible pensó para sí. Apuró el café y siguió con su ritual matutino dominguero. Después dl café y la tostada bañada en aceite un buen paseo a buen ritmo para despejar la mente y desengrasar los músculos.

TOSTADAS

Durante su paseo le siguió dando vueltas al asunto que le había sorprendido mientras leía el periódico. Niños robados de sus madres para venderlos. Madre mía, que barbaridad, quién podría hacer una cosa así, y menos una monja. A pesar de no ser nada religioso, creía en la labor de ayuda al desvalido de las monjas, siempre las había admirado por su devoción y su capacidad de sacrificio con los demás.

Llegó a casa y le preguntó a su mujer que hacía falta para preparar la comida. Así que cogió la lista y se volvió a la calle, dejó el coche y decidió ir andando a pesar de que su destino estaba a más de 40 minutos andando, pero el clima acompañaba, y sabía que pronto, debido al calor, no se podría permitir esos lujos.

Compró lo que faltaba, lechuga, cebolla, unos preciosos tomates, que olían que daba gusto, y unos pimientos asados envasados en cristal. Se dirigió a la caja y liquidó la cuenta, lo metió todo en la bolsa que llevaba en el bolsillo de la chaqueta, y salió a la calle tan feliz.

De vuelta a casa se encontró con un vecino, buen amigo, y anduvieron el resto del camino juntos. El vecino le comentó la noticia que a él le había sorprendido esa mañana al leer el periódico. Y le dijo que un amigo de juventud había descubierto hacía unos meses que él era uno de los afectados, le habían robado, y a pesar de adorar a sus padres llevaba una buena temporada sin hablarse con ellos por haber cometido tal atrocidad. Pensó que él no lo podría soportar.

En ese momento le asaltaron todos los temores del mundo. Había nacido en el año 1974, y era adoptado, sus padres se lo habían dicho cuando era muy joven. Había nacido en una de las clínicas afectadas por el caso que ahora se investigaba. Todo cuadraba, menos sus padres, ellos no eran así. Era una familia acomodada, con capacidades económicas en aquel momento, y no podían tener hijos. Le contaron que lucharon por conseguir adoptarle durante mucho tiempo y que tras muchos fracasos y frustraciones lo consiguieron.

Sin darse cuenta aceleró el paso, tanto que su amigo no le podía seguir. Se despidieron y se fue a casa casi corriendo.

Llegó con la lengua fuera, y respirando con dificultad. Se paró en el descansillo y tomó aire, intentó serenarse, pero su corazón no le daba tregua, latía a mil por hora.

Metió la llave en el bombín, y abrió la puerta. Sus padres ya habían llegado, se encontró a su madre llevando una fuente de canapés a la mesa, y a su padre leyendo el periódico en el sofá. Les miró asustado, preguntándose si era posible que aquella gente maravillosa que le había criado, educado con firmes valores hubiera sido capaz de aquello.

Su padre le miró y al principio le sonrió, pero después su cara se fue tornando en una aterradora sombra e incluso le pareció que encogía. Había visto el periódico que llevaba bajo el brazo, él también lo estaba leyendo.

Su padre le indicó que se sentara a su lado con un gesto. Llamó a su madre y le pidió que se sentara también. Cerró el periódico, y le puso la mano en el hombro cariñosamente.

Efectivamente hijo mío, lo que te temes es cierto. Estamos muy arrepentidos de lo que hicimos, nuestra desesperación nos nubló la conciencia, y hicimos algo terrible.

Antes de que pudiera digerirlo, su padre siguió. Cuando tenías doce años buscamos a tu madre biológica, y la encontramos, pero muerta, había padecido una enfermedad fulminante.

Las lágrimas le brotaron, los sentimientos se contradecían dentro de sí, estaba confuso y perdido. Era lo peor que sus padres le podían decir. LE HABÍAN ROBADO. Habían pagado a alguien para que le separaran de su madre y se lo entregara a ellos. Se sentía como un producto cualquiera que se puede comprar en un súper. No podía concebir nada más terrible para una madre que le robaran a su hijo.

Ahora mismo les odiaba, les despreciaba como seres humanos. No sabía si algún día les podría perdonar.  Les echó de su casa, de muy malas formas.

Los años pasaron, no había vuelto a ver ni a saber de sus padres. Un día recibió una llamada, era su padre, le anunciaba con voz temblorosa que su madre había muerto. Se entristeció, y a pesar de no haber perdonado a sus padres por aquel acto despreciable, sintió una pena terrible por no haber vuelto a ver a su madre.

Fue al entierro, y se reencontró con su padre. se abrazaron, y a pesar de no haberle perdonado, intentó comprender, y le dio un abrazo. Sabía que a su padre tampoco le quedaba mucho de vida, se lo había dicho su tío. Prefería que pudiera morir en paz.

abrazo_padre_hijo

A él no le habría gustado morir con esa carga y además sin el perdón de su hijo querido.

Pero jamás comprendió la maldad de esa gente que robó y vendió bebés.

Vidas robadas. Noticia en El País cuenta las terribles historias de muchos niños y niñas que fueron arrebatados a sus padres para venderlos.

Tremendas historias sin un posible final feliz. ¿Qué pueden hacer? ¿Odiar a sus padres adoptivos? ¿Encontrar a sus padres verdaderos y recuperar los años perdidos? Para mí, nada de esto es posible. La huella y el dolor de estas circunstancias son profundas y de difícil curación.

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